"Li- Po y otros poemas", aquí dejo los primeros tres caligramas del poema Li- Po. Este libro fue editado por primera vez en 1920, aunque los poemas aparecen fechados en 1915 parece que Tablada los terminó en el año 1914.
A cada segundo cambiamos, no somos los mismos de antes, pero cuando las letras te tocan no sólo cambias: te vuelves poderoso.
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domingo, 26 de mayo de 2013
viernes, 10 de mayo de 2013
En alguna calle de la colonia condesa, hace años, encontré un libro interesante a primera vista, sorprende al abrirlo.
Poemas de amor de Marichiko de Kenneth Rexroth, donde se da un fenómeno interesante: Kenneth Rexroth (hombre) recrea a un personaje japónes llamado Marichiko (mujer), tiempo después el traductor habrá de recrear a ambos personajes.
Aquí pongo una traducción de Pablo Boullosa, la que he leído y me enloquece, no sé cuántas traducciones más haya.
XI
Los uguisus cantan y los árboles florecen.
Las ranas cantan en arbustos verde.
Por todas partes la misma llamada
de un ser a otro.
Las nubes grises ondean en la marea.
Sus velas los empujan de un lado al otro.
Pero sus sogas, desde siempre trenzadas
con el cabello de sus mujeres,
los jalan de regreso
a través de sus recuerdos. sobre las verdes profundidades,
hasta los puertos del amor.
XIII
Tendida sobre la pradera, abierta a ti
bajo el sol de la tarde,
una vaga neblina esconde a medias
mis pétalos de rosa.
XVII
Duerme conmigo, aquí, esta noche.
¿Sabemos dónde vamos a dormir mañana?
Quizá estemos tendidos en el campo,
con la cabeza sobre unas rocas.
XVIII
El fuego
quema mi corazón.
No levanta ningún humo.
Nadie lo sabe.
Poemas de amor de Marichiko de Kenneth Rexroth, donde se da un fenómeno interesante: Kenneth Rexroth (hombre) recrea a un personaje japónes llamado Marichiko (mujer), tiempo después el traductor habrá de recrear a ambos personajes.
Aquí pongo una traducción de Pablo Boullosa, la que he leído y me enloquece, no sé cuántas traducciones más haya.
XI
Los uguisus cantan y los árboles florecen.
Las ranas cantan en arbustos verde.
Por todas partes la misma llamada
de un ser a otro.
Las nubes grises ondean en la marea.
Sus velas los empujan de un lado al otro.
Pero sus sogas, desde siempre trenzadas
con el cabello de sus mujeres,
los jalan de regreso
a través de sus recuerdos. sobre las verdes profundidades,
hasta los puertos del amor.
XIII
Tendida sobre la pradera, abierta a ti
bajo el sol de la tarde,
una vaga neblina esconde a medias
mis pétalos de rosa.
XVII
Duerme conmigo, aquí, esta noche.
¿Sabemos dónde vamos a dormir mañana?
Quizá estemos tendidos en el campo,
con la cabeza sobre unas rocas.
XVIII
El fuego
quema mi corazón.
No levanta ningún humo.
Nadie lo sabe.
jueves, 9 de mayo de 2013
poema de amor sin el amor
Desempolvo este poema que viene a doc con este momento de mi vida, no por la memoria sino por la fuerza que evoca. Espero la autora no se moleste por este post.
Memoria de los días
Lorena Ventura
Déjame decirte
una a una
las palabras que olvidé un día.
Decir
no por decir
que fueron tus ojos el pan sobre mi mesa
y tus manos del todo,
como los árboles,
elementales.
(Vine a tu piel a navegar despacio
y en ella encontré algo de umbral y atadura.
Hay una memoria de ti en cada ruta de mi sangre.
Hay una muerte de mí en cada ruta de tu sangre.)
Déjame enumerarte el tiempo infinito y duro de los días,
poner tu abandono a la paz obligatoria de mis horas,
confundir las partículas de polvo con tu nombre.
(Tu nombre
ahora recuerdo
se escribía con la misma tiza que la luna.)
Déjame medir tu ausencia con insomnios
y contarte cómo con el alba envejecen mis entrañas.
Cómo las lluvias recientes han agrietado el mármol de mis huesos
y cómo los lagartos han venido a destrozar la transparencia de mis sueños.
Porque ya no te veo más he ido olvidando los colores.
Y porque ya nadie me escucha temo incluso al diccionario.
Porque cada minuto es un instrumento
que prolonga la amargura,
porque ya ninguna raíz nace de mí para crecer profunda
y porque ya no he de volver de este destino subterráneo:
Que la noche me devore con su rabia.
Que mi sombra retire su ancla de mi cuerpo.
Que mis zapatos sean tan pesados
que llegue tarde a todos los crepúsculos
y que el silencio de este poema sea tal
que sólo los fantasmas puedan descifrarlo.
Memoria de los días
Lorena Ventura
Déjame decirte
una a una
las palabras que olvidé un día.
Decir
no por decir
que fueron tus ojos el pan sobre mi mesa
y tus manos del todo,
como los árboles,
elementales.
(Vine a tu piel a navegar despacio
y en ella encontré algo de umbral y atadura.
Hay una memoria de ti en cada ruta de mi sangre.
Hay una muerte de mí en cada ruta de tu sangre.)
Déjame enumerarte el tiempo infinito y duro de los días,
poner tu abandono a la paz obligatoria de mis horas,
confundir las partículas de polvo con tu nombre.
(Tu nombre
ahora recuerdo
se escribía con la misma tiza que la luna.)
Déjame medir tu ausencia con insomnios
y contarte cómo con el alba envejecen mis entrañas.
Cómo las lluvias recientes han agrietado el mármol de mis huesos
y cómo los lagartos han venido a destrozar la transparencia de mis sueños.
Porque ya no te veo más he ido olvidando los colores.
Y porque ya nadie me escucha temo incluso al diccionario.
Porque cada minuto es un instrumento
que prolonga la amargura,
porque ya ninguna raíz nace de mí para crecer profunda
y porque ya no he de volver de este destino subterráneo:
Que la noche me devore con su rabia.
Que mi sombra retire su ancla de mi cuerpo.
Que mis zapatos sean tan pesados
que llegue tarde a todos los crepúsculos
y que el silencio de este poema sea tal
que sólo los fantasmas puedan descifrarlo.
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