"Li- Po y otros poemas", aquí dejo los primeros tres caligramas del poema Li- Po. Este libro fue editado por primera vez en 1920, aunque los poemas aparecen fechados en 1915 parece que Tablada los terminó en el año 1914.
A cada segundo cambiamos, no somos los mismos de antes, pero cuando las letras te tocan no sólo cambias: te vuelves poderoso.
domingo, 26 de mayo de 2013
Fuego en las manos hay cuando amamos
Una de las canciones más sugerentes y explicitas de López, como lo mucho que él sabe hacer.
Rola del disco: Oficio sin beneficio. Amar a Martha era mi tarea (de 80 a 85)
http://www.youtube.com/watch?v=k5wnqwiiA9M
Por la tarde en la trastienda
amar a Martha era mi tarea
a esa edad en que piel adentro un duende juguetea
y el potro y la potranca en el pajar revolotean, uh uh...
Juego de manos es cuando amamos
Rola del disco: Oficio sin beneficio. Amar a Martha era mi tarea (de 80 a 85)
http://www.youtube.com/watch?v=k5wnqwiiA9M
Por la tarde en la trastienda
amar a Martha era mi tarea
a esa edad en que piel adentro un duende juguetea
y el potro y la potranca en el pajar revolotean, uh uh...
Juego de manos es cuando amamos
domingo, 19 de mayo de 2013
ceibo dispuesto
¿Por qué se ama así?
con la mente y la carne,
con el estómago y los pies.
Cada sendero de mi cuerpo
guarda guías de sangre hacia tu piel.
Y mi pensamiento, eterno velador,
teje palabras a tu nombre.
La pasión no une,
es el tiempo, el espacio
en que te vuelves
mi compañía precisa,
los ojos donde quedo,
los pensamientos de mi pensamiento,
los caminos de mis pasos.
No es mi cuerpo quien te solicita
es mi alma, es mi mente,
líneas finas que mediante las manos
han trazado lazos que ya no quiero desatar.
M.CH
con la mente y la carne,
con el estómago y los pies.
Cada sendero de mi cuerpo
guarda guías de sangre hacia tu piel.
Y mi pensamiento, eterno velador,
teje palabras a tu nombre.
La pasión no une,
es el tiempo, el espacio
en que te vuelves
mi compañía precisa,
los ojos donde quedo,
los pensamientos de mi pensamiento,
los caminos de mis pasos.
No es mi cuerpo quien te solicita
es mi alma, es mi mente,
líneas finas que mediante las manos
han trazado lazos que ya no quiero desatar.
M.CH
viernes, 10 de mayo de 2013
En alguna calle de la colonia condesa, hace años, encontré un libro interesante a primera vista, sorprende al abrirlo.
Poemas de amor de Marichiko de Kenneth Rexroth, donde se da un fenómeno interesante: Kenneth Rexroth (hombre) recrea a un personaje japónes llamado Marichiko (mujer), tiempo después el traductor habrá de recrear a ambos personajes.
Aquí pongo una traducción de Pablo Boullosa, la que he leído y me enloquece, no sé cuántas traducciones más haya.
XI
Los uguisus cantan y los árboles florecen.
Las ranas cantan en arbustos verde.
Por todas partes la misma llamada
de un ser a otro.
Las nubes grises ondean en la marea.
Sus velas los empujan de un lado al otro.
Pero sus sogas, desde siempre trenzadas
con el cabello de sus mujeres,
los jalan de regreso
a través de sus recuerdos. sobre las verdes profundidades,
hasta los puertos del amor.
XIII
Tendida sobre la pradera, abierta a ti
bajo el sol de la tarde,
una vaga neblina esconde a medias
mis pétalos de rosa.
XVII
Duerme conmigo, aquí, esta noche.
¿Sabemos dónde vamos a dormir mañana?
Quizá estemos tendidos en el campo,
con la cabeza sobre unas rocas.
XVIII
El fuego
quema mi corazón.
No levanta ningún humo.
Nadie lo sabe.
Poemas de amor de Marichiko de Kenneth Rexroth, donde se da un fenómeno interesante: Kenneth Rexroth (hombre) recrea a un personaje japónes llamado Marichiko (mujer), tiempo después el traductor habrá de recrear a ambos personajes.
Aquí pongo una traducción de Pablo Boullosa, la que he leído y me enloquece, no sé cuántas traducciones más haya.
XI
Los uguisus cantan y los árboles florecen.
Las ranas cantan en arbustos verde.
Por todas partes la misma llamada
de un ser a otro.
Las nubes grises ondean en la marea.
Sus velas los empujan de un lado al otro.
Pero sus sogas, desde siempre trenzadas
con el cabello de sus mujeres,
los jalan de regreso
a través de sus recuerdos. sobre las verdes profundidades,
hasta los puertos del amor.
XIII
Tendida sobre la pradera, abierta a ti
bajo el sol de la tarde,
una vaga neblina esconde a medias
mis pétalos de rosa.
XVII
Duerme conmigo, aquí, esta noche.
¿Sabemos dónde vamos a dormir mañana?
Quizá estemos tendidos en el campo,
con la cabeza sobre unas rocas.
XVIII
El fuego
quema mi corazón.
No levanta ningún humo.
Nadie lo sabe.
jueves, 9 de mayo de 2013
poema de amor sin el amor
Desempolvo este poema que viene a doc con este momento de mi vida, no por la memoria sino por la fuerza que evoca. Espero la autora no se moleste por este post.
Memoria de los días
Lorena Ventura
Déjame decirte
una a una
las palabras que olvidé un día.
Decir
no por decir
que fueron tus ojos el pan sobre mi mesa
y tus manos del todo,
como los árboles,
elementales.
(Vine a tu piel a navegar despacio
y en ella encontré algo de umbral y atadura.
Hay una memoria de ti en cada ruta de mi sangre.
Hay una muerte de mí en cada ruta de tu sangre.)
Déjame enumerarte el tiempo infinito y duro de los días,
poner tu abandono a la paz obligatoria de mis horas,
confundir las partículas de polvo con tu nombre.
(Tu nombre
ahora recuerdo
se escribía con la misma tiza que la luna.)
Déjame medir tu ausencia con insomnios
y contarte cómo con el alba envejecen mis entrañas.
Cómo las lluvias recientes han agrietado el mármol de mis huesos
y cómo los lagartos han venido a destrozar la transparencia de mis sueños.
Porque ya no te veo más he ido olvidando los colores.
Y porque ya nadie me escucha temo incluso al diccionario.
Porque cada minuto es un instrumento
que prolonga la amargura,
porque ya ninguna raíz nace de mí para crecer profunda
y porque ya no he de volver de este destino subterráneo:
Que la noche me devore con su rabia.
Que mi sombra retire su ancla de mi cuerpo.
Que mis zapatos sean tan pesados
que llegue tarde a todos los crepúsculos
y que el silencio de este poema sea tal
que sólo los fantasmas puedan descifrarlo.
Memoria de los días
Lorena Ventura
Déjame decirte
una a una
las palabras que olvidé un día.
Decir
no por decir
que fueron tus ojos el pan sobre mi mesa
y tus manos del todo,
como los árboles,
elementales.
(Vine a tu piel a navegar despacio
y en ella encontré algo de umbral y atadura.
Hay una memoria de ti en cada ruta de mi sangre.
Hay una muerte de mí en cada ruta de tu sangre.)
Déjame enumerarte el tiempo infinito y duro de los días,
poner tu abandono a la paz obligatoria de mis horas,
confundir las partículas de polvo con tu nombre.
(Tu nombre
ahora recuerdo
se escribía con la misma tiza que la luna.)
Déjame medir tu ausencia con insomnios
y contarte cómo con el alba envejecen mis entrañas.
Cómo las lluvias recientes han agrietado el mármol de mis huesos
y cómo los lagartos han venido a destrozar la transparencia de mis sueños.
Porque ya no te veo más he ido olvidando los colores.
Y porque ya nadie me escucha temo incluso al diccionario.
Porque cada minuto es un instrumento
que prolonga la amargura,
porque ya ninguna raíz nace de mí para crecer profunda
y porque ya no he de volver de este destino subterráneo:
Que la noche me devore con su rabia.
Que mi sombra retire su ancla de mi cuerpo.
Que mis zapatos sean tan pesados
que llegue tarde a todos los crepúsculos
y que el silencio de este poema sea tal
que sólo los fantasmas puedan descifrarlo.
lecturas nacionales para la primaria y la Historia
Cuenta la leyenda que una india guaraní después de ser capturada hirió a un soldado al momento de escapar, como castigo fue condenada a la hoguera, pero las llamas no la tocaron y se volvió un ceibo que desde entonces brinda bellos cantos.
Esta leyenda la conocí con grandes compañeros: mis alumnos, con quienes comparto lo mejor de la vida, la lectura.
Después, al buscar la lectura me encontré con la sorpresa de que la leyenda es representativa de Argentina, aquí el texto con unas notas explicativas.
La Leyenda de la Flor del Ceibo
Esta leyenda la conocí con grandes compañeros: mis alumnos, con quienes comparto lo mejor de la vida, la lectura.
Después, al buscar la lectura me encontré con la sorpresa de que la leyenda es representativa de Argentina, aquí el texto con unas notas explicativas.
La Leyenda de la Flor del Ceibo
Según cuenta la leyenda la flor del ceibo nació cuando Anahí fue condenada a morir en la hoguera, después de un cruento combate entre su tribu y los guaraníes. Por entre los árboles de la selva nativa corría Anahí. Conocía todos los rincones de la espesura, todos los pájaros que la poblaban, todas las flores. Amaba con pasión aquel suelo feraz, silvestre, que bañaban las aguas oscuras del río barroso. Y Anahí cantaba feliz en sus bosques, con una voz dulcísima, en tanto callaban los pájaros para escucharla. Subía al cielo la voz de la indiecita, y el rumor del río que iba a perderse en las islas hasta desembocar en el ancho estuario, la acompañaba. Nadie recordaba entonces que Anahí tenía un rostro poco agraciado, tanta era la belleza de su canto. Pero un día resonó en la selva un rumor más violento que el del río, más poderoso que el de las cataratas que allá hacia el norte estremecían el aire. Retumbó en la espesura el ruido de las armas y hombres extraños de piel blanca remontaron las aguas y se internaron en la selva. La tribu de Anahí se defendió contra los invasores. Ella, junto a los suyos, luchó contra el más bravo. Nadie hubiera sospechado tanta fiereza en su cuerpecito moreno, tan pequeño. Vio caer a sus seres queridos y esto le dio fuerzas para seguir luchando, para tratar de impedir que aquellos extranjeros se adueñaran de su selva, de sus pájaros, de su río. Un día, en el momento en que Anahí se disponía a volver a su refugio, fue apresada por dos soldados enemigos. Inútiles fueron sus esfuerzos por librarse aunque era ágil. La llevaron al campamento y la ataron a un poste, para impedir que huyera. Pero Anahí, con maña natural, rompió sus ligaduras, y valiéndose de la oscuridad de la noche, logró dar muerte al centinela. Después intentó buscar un escondite entre sus árboles amados, pero no pudo llegar muy lejos. Sus enemigos la persiguieron y la pequeña Anahí volvió a caer en sus manos. La juzgaron con severidad: Anahí, culpable de haber matado a un soldado, debía morir en la hoguera. Y la sentencia se cumplió. La indiecita fue atada a un árbol de anchas hojas y a sus pies apilaron leña, a la que dieron fuego. las llamas subieron rápidamente envolviendo el tronco del árbol y el frágil cuerpo de Anahí, que pareció también una roja llamarada. Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó de pronto a cantar. Era como una invocación a su selva, a su tierra, a la que entregaba su corazón antes de morir. Su voz dulcísima estremeció a la noche, y la luz del nuevo día pareció responder a su llamado. Con los primeros rayos del sol, se apagaron las llamas que envolvían Anahí. Entonces, los rudos soldados que la habían sentenciado quedaron mudos y paralizados. El cuerpo moreno de la indiecita se había transformado en un manojo de flores, rojas como las llamas que la envolvieron, hermosas como no había sido nunca la pequeña, maravillosas como su corazón apasionadamente enamorado de su tierra, adornando el árbol que la había sostenido. Así nació el ceibo, la rara flor encarnada que ilumina los bosques de la mesopotamia argentina. La flor del ceibo que encarna el alma pura y altiva de una raza que ya no existe. Fue declarada Flor Nacional Argentina, por Decreto N°138.974 del 2 de diciembre de 1942. Su color rojo escarlata es el símbolo de la fecundidad de nuestro país. [Extraído del sitio del Consulado de la República Argentina]
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